Es monrealista el estratega de Morena en Tamaulipas

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Fernando Acuña Piñeiro.-

La guerra político-electoral que se avecina en Tamaulipas, entre el PAN cabecista y el obradorismo, va a ser de verdad y no de mentiritas. Así se perfila, al menos por las características de quien hasta hoy se perfila como el nuevo delegado del CEN morenista en nuestro estado: el diputado federal Lucio Ernesto Palacios Cordero.

Se trata, según se sabe, de un político con mucha experiencia, de la confianza del dirigente nacional Mario Delgado y muy cercano al senador Ricardo Monreal y a personalidades como Alejandro Rojas Díaz Durán.

El legislador Palacios Cordero es un cuadro político morenista forjado en la Delegación Cuauhtémoc, donde en su momento gobernó Ricardo Monreal, y en la cual fue relevado por Rodolfo González Valderrama.

Se sabe que las dos encomiendas centrales que trae el nuevo delegado morenista en Tamaulipas son ganarle al cabecismo las diputaciones federales en juego y destronar al panismo del Poder Legislativo local. Estas son las dos jugadas estratégicas que estarían en el tablero del ajedrez, que ya ha dado inicio en nuestro estado.

Difícil pinta el panorama para un panismo cabecista, que pierde capacidad de maniobra por tener que estarse defendiendo de las andanadas de la UIF y sus órganos punitivos, y al mismo tiempo, envían a Tamaulipas a los adversarios más acérrimos, como son los monrealistas.

En la elección local del 2019, cuando el PAN vapuleó a Morena por el Congreso local, recordamos que la dirigencia de Yeidckol Polenvsky no le permitió al grupo Monreal su participación. Prácticamente los anuló, por órdenes de la nomenclatura panista.

Hoy, al parecer, las cosas pintan de otra manera.

 

EL GRAN PERDEDOR DEL 2021 SERÁ ALITO Y EL PRI

Si el 2018 fue el gran escenario donde el PRI de Enrique Peña Nieto tuvo que doblar las manos y entregarle la presidencia a un obradorismo que irrumpió con más de 30 millones de votos, este 2021 el presidente AMLO y su partido se preparan para la segunda gran cosecha del capital político priista: las 12 gubernaturas que actualmente tiene el tricolor, la mayor parte pasará a manos de Morena.

De esta forma, los mexicanos de este siglo y de este milenio estamos atestiguando la gran consolidación política de una organización con ideas de centro-izquierda como lo es Morena, y la desaparición de un Revolucionario Institucional cuyo ciclo social llegó prácticamente a su fin.

Se trata de una metamorfosis, o una transfiguración casi mágica: el PRI de los ochenta, el de la Democracia de Carne y Hueso de los Enrique González Pedrero, parece haber regresado para devorar al priismo de la derecha corrupta y depredadora. De ese huevo de ganso ¿o de serpiente? está hecho el obradorismo.

Cambios similares pudiesen ocurrir en el segundo partido más longevo, como lo es el PAN. Puede ser que incipientes partidos conservadores, como el del matrimonio Calderón, estén llamados a ser la versión emergente de la derecha en México. Esto aún no se ve del todo claro. Pero prosigamos con el tema que hoy nos ocupa: el parodiado RIP.

Es lastimosa la imagen del viejo PRI: hundido, desprestigiado, y convertido en una carcasa donde pululan toda suerte de oportunistas y abarroteros del poder. Empezando por su dirigente nacional, Alejandro Cárdenas, mejor conocido en los círculos políticos, como “Alito” o “AMLITO”.

Ciertamente, paralela a la aguda crisis sanitaria de carácter global, en el seno del sistema político mexicano se vive una suerte de pandemia que azota a la partidocracia. Como ocurre con la población adulta, aquí también, entre los partidos, los más viejitos son los más vulnerables.

El más anciano de ellos, el PRI, va a quedar totalmente a la intemperie. Después de la elección nadie dará un centavo por esa marca. Pero, a cambio, veremos a un grupo de gobernadores priistas que concluirán sus sexenios con las alforjas llenas, pues habrán entregado el poder sin chistar, a cambio de que nadie los moleste.

De manera que la hora de rematar y de entregar el fiambre priista es ya toda una tendencia, una moda que estará vigente, mientras que haya todavía algo que ruñirle.

Después del 2021, créame que no va a quedar gran cosa de valor en el otrora partidazo. Y justo en esta franja temporal es muy probable que veamos uno de los más grandes fenómenos migratorios de cuadros políticos de todos los tamaños, que correrán a refugiarse hacia la izquierda o hacia la derecha. En realidad estarán tratando de guarecerse en la nómina azul o morenista.

¿Qué pasará con el PRI, tal y como lo vemos ahora? Es probable que ya sin gobernadores, el actual dirigente nacional pretenda eternizarse, pues al parecer acaban de cambiar los estatutos, con el fin de ejercer una especie de cacicazgo, donde no se moverá una hoja sin su consentimiento.

Difícilmente la marca PRI volverá a recuperarse, pues las nuevas generaciones de electores los rechazan. Tal vez con el tiempo se convierta en un partido propiedad de una familia, como ocurre con el Verde, el de Elba Esther o algunos otros.

En un ejercicio de imaginación, supongamos que Alito se lo escriture a sus hijos y posteriormente pase a manos de sus nietos. Y finalmente sea rematado en el mercado de las antigüedades…o de las ambigüedades.