Jugar en equipo

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Melitón Guevara Castillo.-

Hace tiempo leí un texto escrito por Alan Riding, quien fue un corresponsal en México de una agencia informativa de Estados Unidos. El libro se llama “Vecinos distantes” y buena parte del mismo tuvo un propósito: evidenciar que los mexicanos, como lo asienta en más de una ocasión, no sabemos jugar en equipo y da ejemplos de triunfos de las individualidades, como en el boxeo o en atletismo.,

Lo que está sucediendo en México entero, y más específicamente en Tamaulipas, con el tema de las elecciones federales y locales, me hace recordar la afirmación de Alan Riding: efectivamente, no sabemos jugar en equipo; en cada partido político, hoy en día, sobre todo en Morena, la evidencia es en las 15 entidades donde elegirán gobernador… Y en Tamaulipas, en más de un municipio.

 

SUMISOS Y OBEDIENTES

Durante más de 80 años los mexicanos nos acostumbramos a votar al candidato que había elegido el PRI; y que, en el mismo, la decisión había sido una imposición del llamado fiel de la balanza. El Presidente o el Gobernador en turno; lo hacían porque tenían poder y lo ejercían de tal manera que no había discusión: quien se movía, decía Rubén Figueroa, no salía en la foto. Hoy o nunca, y se lograba con obediencia y sumisión.

Gonzalo N. Santos en sus memorias confiesa, por ejemplo, que para cumplir los caprichos o las ambiciones de un familiar o amigo que deseaba ser alcalde o diputado, bastaba hablar con él, hacerlo entrar en razón, y si no entendía por las buenas, entendería por las malas… y hay más de una historia que termina con la muerte de quien estaba convertido en un obstáculo a una ambición personal.

 

EGOÍSTAS Y AMBICIOSOS

En México no se permite, no se admite, el éxito personal. Siempre nos recuerdan el caso de los alacranes, que estando en un recipiente, no logran salir del mismo, porque no hay, entre ellos, solidaridad. Es lo mismo que sucede con los mexicanos: observamos que alguien va encaminado a un triunfo más rápido que un correcaminos le salen a relucir sus defectos, sus errores, sus fallas. La razón, sencilla: somos egoístas, deseamos nuestro éxito y el de otro no lo permitimos.

Es lo que ha sucedido en política. En la etapa interna, por lo regular, hay una guerra cruenta, que se manifiesta en los medios de comunicación y en las redes sociales. Se le llama “fuego amigo”, porque se entiende que los datos y expedientes que se ventilan solamente pudieron salir de “adentro”. Es lo que está sucediendo, hoy en día, con Morena. En la etapa de inscripción y decisión para elegir al “candidato” han aflorado los ataques, por lo regular al que va arriba en las encuestas.

En más de una ocasión ha sucedido lo extraordinario. Les cuento lo que sucedió hace tiempo en Padilla, mi tierra. En la consulta interna hubo 14 aspirantes. Conocida la identidad del elegido, los otros 13 pintaron su raya. Hagan de cuenta que dijeron: si no soy yo, él tampoco. Y unos, descaradamente, otros tras bambalinas, apoyaron al candidato de otro partido, y sí, perdió, el candidato priista: los perdedores le hicieron la contra.

Por no jugar en equipo, se pierde la batalla. Los hechos le dan la razón a Riding.