Velorios: México y su leche derramada

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Eleazar Avila.-

La pandemia ha dejado en el mundo 108 millones 994 mil 619  contagios y dos millones 403 mil 462 muertos y, para deshonra gubernamental, la Federación mexicana lleva un registro de casi dos millones de contagios y al lunes 174 mil 207 fallecimientos (fuentes externas hablan de más de 350 mil), corriendo a los 200 mil, y si eso no es fracaso, cómo se le puede llamar.

No vamos a redactar este día ningún dogma o paradigma, solamente diremos que por más que le damos vueltas, la tragedia mayor que se cierne sobre nuestros pueblos, y en especial el mexicano, es eminentemente educativa y de una decisión superior, de mantener “al pueblo bueno, a fuego lento”.

Con ello, todos los males que engendren intrínseca y perniciosamente tal grado de estupidez, que aplaudimos el sometimiento, por más de 200 años liberales, conservadores, trasnochados, socialistoides y todas sus variables, que el gatopardismo pueda anidar.

Ya sabemos que los últimos tres fraudes históricos son: La Primera Transformación o la llamada Independencia de México. ¿De quién, de cuáles o de qué? La segunda que se “intitula” Reforma y donde solamente, porque le dio angina de pecho, pero Benito Juárez habría realizado todo su esfuerzo y más para eternizarse, pues lo suyo no era la democracia y menos el nacionalismo puro.

Luego la Tercera, que conocemos como Revolución Mexicana (guerra de guerrillas entre caciques y generales de todos los colores y sabores), y que funcionó para enterrar, sin éxito, el periodo de Ilustración que mantuvo Porfirio Díaz, a quien, insisto, se le debe juzgar con normas de su tiempo y no con preceptos de avanzada en materia de derechos humanos actuales, que, como quiera, tampoco funcionan.

Y para cerrar, la llamada Cuarta Transformación, de la que, a dos años pasados de administración federal, tenemos sobradas dudas de su efectividad, buena fe y capacidad para honrar la palabra contraída con los mexicanos. Tienen menos de cuatro años para callar bocas, o como otros, irse al cuarto de los triques nacionales.

Reitero la pregunta: ¿Cómo ha sido posible? No hay más que por el por el fracaso inductivo de la educación, que llevó a otros males, aún más execrables.

1.- Uno de ellos, sin duda, es la estupidez abajo, y en grado superior, la estulticia. Pero, cómo le podemos hacer, si ese es el objetivo y fin superior de una nación edificada a capricho de unos cuantos.

2.- No estamos aterrizando al espacio de la concepción igualmente comunistoide, que observamos, ya ha sido letal para los mexicanos de hoy, con Morena, del PRI de antaño y del PAN de sus momentos de gloria.

3.- Solo esgrimimos que los mexicanos no hemos logrado zafarnos del yugo, y que con ello seguimos duplicando la dosis de estupidez colectiva, explicable en la gran tragedia nacional, que es educativa y se va a poner peor, pues ha llegado a la SEP doña Delfina Gómez.

Si bien se le pondera por ser del ramo magisterial, sus luces verbales, administrativas y de conocimientos de formación son altamente debatibles.

4.- Paul Tabori, en su libro “Historia de la Estupidez Humana”, advertía que “algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos”.

“Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el papel del tonto. En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto cabal y perfecto. Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste a ponerlos sobre aviso, pues la ignorancia de la estupidez equivale a la bienaventuranza”.

5.- Seremos enfáticos, porque aspiro a que este tema ayude a poner en claro el porqué de muchos de los movimientos político sociales de México, desde las decisiones electorales que se avecinan. Y el autor añadía y consigno:

“La ignorancia, ¿es otra forma de la estupidez? Desde cierto punto de vista, sí… del mismo modo que la fiebre es parte de la enfermedad, sin ser la enfermedad misma. Ya hemos demostrado que el ignorante no es necesariamente estúpido, ni el estúpido es siempre ignorante”.

“Pero ambas condiciones no pueden ser separadas absolutamente. A igualdad de posibilidades de educación, no es difícil determinar la línea que separa a la estupidez de la ignorancia”.

Con respeto y mortificación…

Posdata: Les prometo que mañana les digo como les va a los candidatos, a Pilar, a Óscar, a Mónica, a Yahleel, que me preguntan y luego, por andar de “ensayoso” académico, se me quedan las cosas en el tintero.

Nostra Política: “Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo demuestra que la educación ha comenzado”. Epicteto de Frigia.

c.c.p. AMLO.

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Twitter.- @JEleazarDeAvila