Amor, erotismo y pornografía

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Alicia Caballero Galindo.-

La vida moderna cargada de liberalismo rayano en el libertinaje, ha llegado a entrelazar y confundir peligrosamente estos tres conceptos, generando en las mentes inmaduras conflictos, desórdenes y comportamientos muchas veces atentando contra de la estabilidad social. Si agregamos un factor muy común y dañino: el machismo, se genera un coctel destructivo que ha lesionado el sentido y los valores de la especie humana.

Se ha brincado de un extremo a otro en el correr del tiempo, en sociedades machistas, la mujer ha sido un instrumento necesario en la vida del hombre para producir hijos o unir capitales convenientemente, para los intereses económicos, políticos o de otras índoles sin considerar los sentimientos femeninos. Poco a poco ha ido cambiando este concepto hasta llegar a mediados del siglo pasado que se conjugaron varios cambios importantes, liberación femenina, apertura a la sexualidad, la incorporación de la mujer al mundo de la política y el ejercicio de todas las profesiones. El cambio fue brusco y violento generando el uso y abuso de tales libertades potencializadas con el consumo de estupefacientes que cada vez se hace más evidente y común.

Es claro que siempre han existido estos vicios, pero su práctica desenfrenada y sin control, genera problemáticas graves que lesionan la sociedad y tergiversan conceptos importantes: amor, erotismo y pornografía. El cambio ha sido brusco, la sociedad moderna y la apertura ha arrollado al mundo actual, ocasionando una serie de conceptos torcidos que los vemos reflejados en la cultura y las diversas formas del arte, produciendo en mentes inmaduras, comportamientos complicados.

Veamos las definiciones de estos tres términos que nos ocupan:

El amor es el sentimiento más sublime y universal que mueve a la humanidad, se genera en el amor a sí mismo, cada ser humano debe amarse en el sentido más puro de la palabra para ser capaz de amar a los demás.

Erotismo, es una necesidad humana, no solo de recibir sino también de proporcionar placer, un placer que puede limitarse solo a la estimulación física y mecánica o extenderse tanto como los límites de nuestra imaginación lo permitan teniendo como resultado un estado completo de placer físico y mental.

Las prácticas eróticas nos acercan a nosotros mismos y al otro de una forma única ya que es en la intimidad donde afloran aquellos rasgos de la personalidad que generalmente se mantienen ocultos o privados.

Es indispensable conocer nuestros límites y respetar los de la pareja para que la práctica del erotismo sea placentera, duradera y constante. “Hablando se entiende la gente” una buena comunicación tanto con uno mismo como con la pareja es clave para que podamos explotar ese potencial erótico que caracteriza a cada individuo. Entendiendo que, es algo íntimo y privado que no se comparte con nadie más

Pornografía, En el centro de la familia está la sexualidad como parte de ese gran motor. Un motor potente que une a la pareja y en el cual deben ser educados los hijos. No es un juego. Si este gran regalo está orientado hacia sus fines, los hijos son fruto del amor y son arropados por sus padres. Unos padres que se aman y se respetan. Si este motor de la sexualidad, se desorienta, se dispersa, entonces se devalúa y surge la pornografía.

Un elemento que puede torpedear este amor de pareja es precisamente, la pornografía que mata el amor en todas sus posibilidades. El amor sexual y altruista de la pareja se quiebra. El encuentro complementario afectivo-sexual entre hombre y mujer cambia pues la pornografía cosifica a la mujer, también cosifica al hombre, y los convierte a los dos en meros objetos utilizándose mutuamente.

Actualmente, se entremezclan peligrosamente el erotismo y la pornografía provocando desorientación entre las mentes inmaduras que, con frecuencia, nos son ya tan jóvenes. En la cinematografía, y la literatura sobre todo, se han proliferado “obras” que, más que literatura, están plagadas de vulgaridad y mal gusto y por desgracia, con la aprobación de instituciones llamadas “culturales”, matando el misticismo del erotismo como resultado del amor.

El amor es un diamante de mil caras y diversas formas todas bellas y respetables cuando nacen de sentimientos puros, reconfortantes que acercan al ser humano a la espiritualidad y el perfeccionamiento.

Cuando alguien experimenta amor que es el sentimiento más sublime, el ritmo cardiaco se acelera, por eso, se relaciona directamente al corazón con el amor, aunque el sentimiento en sí, se genera en el cerebro.