Caos burocrático

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Rogelio Rodríguez Mendoza.-

Desde marzo pasado, cuando se declaró la pandemia por el covid-19, el Gobierno federal suspendió las actividades en la mayor parte de sus dependencias.

Solamente dejó guardias en las oficinas porque el grueso de los burócratas fue enviado a casa. Se implementó el llamado, “Home Office”.

Con ello se buscaba reducir la incidencia de contagios del coronavirus, algo que evidentemente no se logró.

El problema es que, se va a cumplir casi un año de pandemia y el Gobierno federal sigue paralizado.

Se trata, desde luego, de un exceso, porque las oficinas gubernamentales, en su mayoría, juegan un rol vital para la economía nacional y de los ciudadanos.

El punto es que no se sabe cuánto tiempo más puede prolongarse la pandemia del covid-19, pero podrían ser meses o años, y bajo esa perspectiva es absurdo suponer que las oficinas gubernamentales sigan trabajando con las limitaciones en que lo vienen haciendo.

El asunto se agrava porque, como le decía, hay instancias gubernamentales, como el Servicio de Administración Tributaria (SAT), cuya función es primordial para todos los actores económicos de la sociedad.

Como el SAT está operando a su mínima capacidad, la realización de trámites en sus oficinas se convirtió en algo tortuoso para los ciudadanos.

Platiqué este jueves con algunos contadores porque necesito hacer una gestión en el SAT, y el panorama que me pintaron es para preocupar.

“Entrar a las oficinas del SAT solamente es con cita previa pero el problema es que las están limitando. En estos momentos la cita más cercana es para la primera quincena de marzo o posiblemente para finales de ese mes”, me explicó uno de los profesionistas.

Las consecuencias son terribles porque, por ejemplo, sin una firma electrónica un trabajador no puede expedir recibos de honorarios para cobrar su sueldo cuando labora bajo ese régimen.

El pretexto, como le decía, es que la paralización de las oficinas burocráticas federales se debe a la pandemia del covid-19.

Sin embargo, ese pretexto es obsoleto. Lo demuestra el hecho de que el Gobierno estatal levantó desde hace meses la suspensión de actividades; entendió que no podía seguir paralizando la atención a la ciudadanía.

Le bastó al Gobierno del Estado reforzar el protocolo sanitario para frenar el avance de la enfermedad entre su personal.

¿Por qué no hace lo mismo el Gobierno federal?

Me parece que ha faltado que los organismos empresariales, los sindicatos y la sociedad en general, levantemos con fuerza la voz.

Insisto: es cierto que el covid-19 sigue representando una amenaza para todos. Pero no por eso podemos paralizarnos como sociedad, y menos pueden hacerlo los gobiernos.

Esperemos que en el Gobierno federal lo entiendan, y pronto, antes de que se genere un caos social.

 

EL RESTO

INSALVABLE

El rompimiento entre la alcaldesa de Reynosa, Maki Esther Ortiz Domínguez y el PAN, parece insalvable.

Por lo menos eso se infiere de la actitud que ha asumido la propia edil y su hijo, Carlos Peña Ortiz, apoyando abiertamente a Morena.

El junior lleva días repartiendo cobijas y comida caliente entre los reynosenses más necesitados, y de paso aprovecha para exaltar el programa de vacunación anticovid del Gobierno federal.

La recomendación que hace a los mayores de 60 años, es que inscriban en el padrón de Gobierno para recibir la vacuna en cuanto llegue.

El coqueteo con Morena es abierto.

Bajo ese escenario, hay dos posibilidades en puerta: una, que el PAN ceda a los caprichos de Maki, entregándole las tres curules que quiere en la siguiente legislatura estatal y la suya en la federal; o dos, que desde la Auditoría Superior del Estado se active la maquinaria para llamarla a cuentas por el faltante de los 176 millones de pesos del ejercicio fiscal 2018.

Cualquiera que sea la opción, lo único cierto es que a esta historia le faltan varios capítulos. Ya verá usted.

Así andan las cosas.

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