El destino nuestro parece ser reproducirnos en el mismo nivel

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Héctor F. Saldívar Garza

Transformar una sociedad no es sencillo, y en su logro tienen mucho que ver las características de las personas que la constituyen. En el caso de México, desde que se convirtió en país su historia no precisa que haya tenido una época o periodo donde la sociedad pudiera haber afirmado que vivía en cierto equilibrio; sino que a través del tiempo se ha distinguido por integrar una comunidad con gran distanciamiento de la equidad.

Buscando encontrar una razón para explicar este hecho, acudimos a los pasajes de la época precolombina, para desde ese momento revisar un tanto lo que los libros hablaban sobre la personalidad mostrada por los ciudadanos comunes, manera de organización y en lo general las conductas que adoptaban e incidieron para que esta condición se presentara.

Los autores de trabajos al respecto parecen coincidir en que la llegada de los españoles, rompiendo nuestra cultura y estableciendo la peninsular, nos aclara el horizonte sobre cuál es el origen de las conductas que presentamos como miembros de la sociedad; y en definitiva, parece ser que no podemos omitir a los invasores y el mestizaje que generaron.

Hurgando en los hechos nos enteramos del señalamiento de que los españoles, al llegar por primera ocasión a la región, se sorprendieron de varias cuestiones que en su cultura se practicaban y aquí, con ligeras variantes sucedía lo mismo. Una de ellas fue el dividirse la sociedad en clases sociales. Sobre esto, en nuestra región detectaron las siguientes categorías: el nivel más alto le correspondía al Emperador y su familia, posteriormente la nobleza, descendientes toltecas y sacerdotes, en seguida comerciantes y mercaderes, agricultores y artesanos, y finalmente los esclavos.

Asimismo, agregaremos algo que puede ser trascendente para comprender parte de la cultura originaria nuestra. Llegar a la esclavitud entre los aztecas no era consecuencia de herencia, ni producto de haber sido derrotado en una guerra; esto, de acuerdo con documentos de esa época, era un asunto que se sufría por diversas razones, por ejemplo estar en una situación de deuda como consecuencia de un delito o apuesta y no poder liquidarla; también se tenía esa categoría al ser vendido por sus padres dado lo incorregible de su conducta, o simplemente porque era el criterio de sus progenitores. Otras razones para convertirse en esclavos fueron por pereza reiterada o varios intentos de fuga del hogar. Debemos aclarar que la esclavitud podía finalizar obteniendo la persona su libertad, al cumplir con la causa que la generó.

En general, las clases medias y bajas de la sociedad precolombina, que se denominaban maceguales, tenían un futuro sumamente complicado, porque los obligaban a pagar tributo y servicios personales, lo cual obviamente constituía una gran diferencia y les dificultaba el estar en posibilidad de lograr un mejor nivel de vida para avanzar en la escala social. Además, a los que operaban como profesores, los cuales contaban con mayor nivel de preparación, sus remuneraciones eran más bien de escasa cuantía, impactando esto en su desarrollo social.

Después de revisar lo comentado, regresamos a precisar algunos detalles sobre lo que acontece en la actualidad en las clases sociales de nuestro país, con la finalidad de contribuir a forjar un criterio.

Como bien ha quedado claro, el Gobierno federal actual está empeñado en apoyar a los sectores de la economía informal, empleados medios y obreros que devengan salarios bajos; y una de sus propuestas es asegurarles que se les cumpla con los derechos fundamentales como trabajadores, que en ocasiones se ven demeritados e incluso conculcados a través del outsourcing. Por lo consiguiente, ha conminado a los empresarios a cooperar en esta jornada evitando esas prácticas; sin embargo, la respuesta que se espera, de acuerdo a lo que los medios comentan, es oponerse mediante algunas medidas que han adoptado en situaciones similares.

Sobre el punto, Héctor Márquez, presidente del Consejo Consultivo de la Asociación Mexicana de Empresas de Capital Humano (AMECH), afirma en La Jornada de México que “de acuerdo con encuestas, de aprobarse la iniciativa solo el 30% mantendría su personal con mismo salario y prestaciones”.

También especifica que a “otro 60% se le contrataría mediante honorarios, de tal manera que no tendría seguridad social”. El restante10% se daría de baja.

Lo comentado, muy probablemente es la postura de la planta empresarial en general de México, quienes de alguna manera se ven reforzados por organismos internacionales, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), quien a través de Alicia Bárcena, su Secretaria Ejecutiva, hace escasos días afirmó lo siguiente: “El outsourcing abrió la puerta de la precarización en el empleo” , especificando sobre México mencionó “la verdad es que la terciarización llegó a un punto en el que prácticamente toda la plantilla laboral podía estar con este esquema y el personal terciarizado pasó de 9.5% a 25% y ocasionó una caída muy importante de las remuneraciones a la seguridad social, y esto ocasiona pobreza”.

Aquí se nota claramente como el modelo neoliberal en el que vivimos cuenta con grandes apoyos internacionales para tratar de imponer finalmente sus políticas, lo cual suele realizar, no obstante, con su aplicación dificultar o prácticamente imposibilitar el avance social de los grandes sectores que cubren la base piramidal de la población, logrando solo que continúe el enriquecimiento de las minorías, ya de por sí acaudaladas.

Como puede observarse, está siendo muy complicado para el Gobierno erradicar la pobreza en el país, teniendo tantos elementos en la oposición. Primero nuestro origen desde antes de la irrupción española, donde se detecta ya la existencia de categorías entre los miembros de la sociedad; posteriormente el modelo de organización neoliberal, impuesto en parte por el exterior y aceptado también por las dirigencias nacionales; agregándose a esto el enquistamiento durante mucho tiempo en las cúpulas del poder económico y político de un grupo de familias, cuya mentalidad suele adolecer de férrea corrupción, y no da pie a la apertura de oportunidades de avanzar para las mayorías, las cuales generalmente tienen que conformarse con la oportunidad de reproducirse en sus mismos niveles.