De historia, amor, poder y locura

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Libertad García Cabriales.-

Yo tengo mucho amor por todas las gentes

Juana de Castilla y Aragón

 

Cuentan que ni un solo día de los 46 años que vivió encerrada en Tordecillas dejó de pensar en su amado Felipe. Dicen también que siempre recordó con escalofrío las yemas de sus dedos sobre su cuerpo. Sostienen que tenía hacia él una pasión erótica tan fuerte que incluso él mismo llegó a sentir miedo de ella. Se llamó Juana, fue hija de los Reyes Católicos, obtuvo una educación esmerada, se casó a los 17 años con Felipe el Hermoso y le tocó por sangre ser reina de Castilla y Aragón. Cuentan además que adoró a su esposo, tanto que cuando él murió, peregrinó vestida de negro caminando por las noches junto al cadáver amado durante mucho tiempo por buena parte de Castilla.

El mundo la recuerda como “la loca”, pero hay que conocer más la historia de su vida para entenderla y reconocer su circunstancia. La señalaron como demente, pero estudios posteriores afirman que Felipe de Habsburgo su esposo y Fernando el Católico su padre; conspiraron para dejar a la reina fuera del poder con el argumento de su locura y en ese contexto le mandaron encerrar de por vida en Tordecillas. Maren Gottschalk, doctorada en historia de la Edad Media, señala que si se quiere entender el comportamiento de las reinas, hay que mirar entre bastidores, porque se les juzgó con base a una serie de prejuicios, teniendo una imagen de los hombres y las mujeres muy distinta a la que hoy se tiene.

Atractiva, muy inteligente, formada en el humanismo, Juana mostró un carácter fuerte desde su niñez. Considerada por los notables de la época como “muy cuerda y asentada”, su madre reina la casó en plena adolescencia y tras la muerte de sus hermanos y sobrino, la declaró heredera del trono. Juzgada enferma mental por lo que llamaron “conducta extravagante” y que ahora se interpreta como sus “legítimos intentos de reafirmarse en un mundo dominado por los hombres”, la reina Juana luchaba por imponerse al tiempo que daba a luz seis hijos. Cuando sobreviene la muerte repentina de su amado esposo, embarazada de su sexto hijo, sufre un tremendo golpe emocional, negándose, dicen, a tratar los asuntos del gobierno, por lo que la declararon incapacitada y la confinaron a una torre donde fue maltratada y ultrajada, además de juzgada porque según decían, se negaba a comer, asearse e ir a misa.

Hija, madre y abuela de reyes, a Juana le tocó también ser soberana de uno de los mayores imperios de su tiempo, incluyendo los territorios recién descubiertos por Colón. Con todo ese poder, la vida de Juana estuvo marcada por el sufrimiento, la incomprensión y las traiciones. Con su dignidad ultrajada a causa de las recurrentes infidelidades del vanidoso Felipe, deprimida después de los partos de sus hijos y más tarde afectada profundamente por la muerte del esposo; algunos siquiatras han analizado su caso concluyendo que seguramente nunca fue atendida, porque así convenía a los intereses de sus parientes hombres.

Mucha leyenda negra hay en la vida de Juana de Castilla y Aragón. Una versión muy repetida es ver la locura de Juana como resultado del amor desmedido a su esposo. Loca de amor, la llaman muchos. En ese contexto, algunos especialistas hablan ahora de un trastorno “esquizoafectivo”, derivado por los terribles eventos que Juana padeció, incluyendo el encierro prolongado. Durante 46 años, Juana de Castilla estuvo confinada con el consentimiento de su padre y de su hijo Carlos V, hasta que murió un viernes santo de 1555.

El debate sobre la reina Juana sigue vigente casi quinientos años después. Y cada vez más, las revisiones históricas abonan a la premisa de que fue juzgada loca para desautorizarla, incapacitarla y arrebatarle el poder. Hurgar en las “emociones” de un personaje, es quizá una de las tareas más complejas del historiador. Juana amó sin duda, y no solamente a su familia, el amor que profesó a su pueblo fue manifestado, especialmente frente al apoyo que le demostró la Junta de Comuneros de Castilla en 1520: “yo tengo mucho amor a todas las gentes y me pesaría mucho cualquier daño o mal que hayan recibido”. Pero ella es conocida como “la loca”. Ahora sabemos que las mujeres con poder son muchas veces juzgadas con otro rasero. Hombres reyes y poderosos “perdidamente enamorados” ha habido muchos y no por eso se les llama locos, y menos se les encierra de por vida.

En este febrero, el ejemplo de Juana de Castilla es un buen pretexto para pensar la forma de hacer historia y cómo las emociones influyen en la vida y afectan las decisiones de los poderosos. Ejemplos sobran.