¿La vuelta a la tortilla, en 60 días?

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Fernando Acuña Piñeiro.-

Fenómeno interesante: durante las últimas semanas, el Partido Acción Nacional en Tamaulipas, ha ido pasando de manera paulatina, de la ofensiva a la defensiva; de ser el señorial partido en el poder, a una oposición acorralada, por el proceso del desafuero.

Situación por demás atípica, dada su privilegiada posición, como dueño y señor de la maquinaria institucional, y todo lo que de ello se deriva. Lamentablemente han desaprovechado totalmente dicha condición.

Existen por lo menos dos eventos que reflejan con nitidez esta nueva realidad del panismo palaciego en el contexto de su guerra política contra el gobierno de la República.

El primero, fue la desafortunada marcha para protestar contra el desafuero, una acción que en lugar de proyectar poderío, trasmitió creciente desesperación, con un mitin oficioso de auto apoyo, donde fue un grave error que interviniesen las cabezas de las instituciones.

Y es que dicen que elogio en boca propia es vituperio. Y hasta la Biblia lo señala: “porque no es aprobado, el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el señor alaba”.

Pudieron haber hecho el evento con oradores ciudadanos, lo cual tal vez se hubiese visto más auténtico. Pero de nueva cuenta creo que les ganaron las pasiones, la prisa y factores que en todo conflicto resultan siempre contraproducentes: la visceralidad, el enojo, la soberbia y el ego.

Todavía peor: en lugar de obtener capital político y fortaleza militante, lo que dejó el acto del domingo, fue una Secretaría de Salud expuesta en su inoperancia e irresponsabilidad. Y una titular de esa dependencia sometida al juicio ciudadano, cuya voz colectiva sigue reclamando su renuncia al cargo, por haber expuesto a los tamaulipecos, al contagio masivo de covid.

Hoy la secretaria Gloria Molina está sentada en el banquillo de los acusados. Todo porque no le supieron dar un adecuado manejo a una movilización masiva que no tuvo los resultados esperados.

Periódicos como El Norte y Reforma, dedicaron sus primeras planas a ocho columnas, criticando, la errática y pésima estrategia.

Políticamente no supieron cómo usar el arma de la movilización popular. Y en el marco de la pandemia, colocaron en la piedra de los sacrificios a su Secretaria de Salud.

La segunda acción que redondeó el fracaso de la marcha en contra del desafuero, fue el escándalo del flamante jet que voló desde Nuevo Laredo a Ciudad Victoria, para trasladar a la nobleza azul encabezada por el alcalde Enrique Rivas Cuellar.

La aristocracia del panismo neolaredense ni se despeinó en su turismo político de unos cuantos minutos, utilizando un raudo avión, cuya renta, según los enterados alcanza costos en miles de dólares.

Suerte muy diferente fue la que corrieron los pobres ciudadanos acarreados desde Nuevo Laredo, que tuvieron que hacer una travesía en autobuses y chutarse por lo menos unas cuatro o cinco horas de camino.

Ante un hecho como el que mencionamos, donde se sospecha del probable uso patrimonialista del poder público, gastando a manos llenas para complacer intereses personales, se impone una profunda investigación, que lógicamente, no se llevará a cabo.

Situaciones como las ya detalladas, son las que están dándole un vuelco total a lo que hace semanas se evaluaba como la supremacía electoral del PAN en nuestro estado.

Pareciera que los panistas-cabecistas olfatean ya su próxima derrota electoral, pues antes de perder en las urnas, ya se están comportando como oposición en su propio estado.

Por esa ruta, el desafuero pareciera estar trazando un nuevo rumbo de la democracia tamaulipeca. En 60 días, los adversarios del PAN podrían darle la vuelta a la tortilla electoral del seis de junio.

Los morenistas tienen a palabra.