Docilidad incuestionable

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Pérez Ávila

9 de abril de 1947. La Comisión Permanente del Congreso de la Unión declara “desaparecidos los poderes estatales”. No fue a la cárcel, el depuesto gobernador Hugo Pedro González, nacido en Nuevo Laredo en 1909.

Julio Ozuna, jefe de la Policía del Estado, asesinó en el hotel Sierra Gorda al periodista Villasana, director general y propietario de “El Mundo de Tampico”, absolutamente obstinado en su tarea de minar el Gobierno estadual, a cambio del dinero que fluía desde Palacio Nacional.

En apretada sinopsis, la explicación del derrumbe de Hugo Pedro: Miguel Alemán Valdez odiaba a Emilio Portes Gil, al considerarlo corresponsable del deleznable fin de su padre. Portes Gil era el padrino político de Hugo Pedro.

Con el gobernador cayeron todos los presidentes municipales.

Ha llovido. Se han registrado sequías devastadoras y severas inundaciones. Hay cambios notables en la administración pública nacional. Hemos ido de sucesos trágicos, de consecuencias benefactoras para los listos, hasta lo opuesto; de administrar la abundancia, hasta los días de la austeridad. Permanece inmutable, hierática, rígida, la advertencia secular, “cave ne cadas”.

Tamaulipas, vio sacudida a la llamada “clase política”, por el telurismo presidencial. Alemán Valdez vengó la afrenta, arrebatándole a Portes Gil su control político insular.

Había en ese 1947 un presidente carismático, un partido hegemónico, y un sistema gubernamental piramidal. El PRI había sido convertido en una maquinaria electoral, constituyendo un suicidio político atreverse a enfrentársele. Hubo necesidad de recurrir a una estrategia, para vestir con ropaje democrático la monarquía sexenal. Nacieron los diputados de partido. Lo bueno se queda poco tiempo en nuestro país. Lo bueno es, casi siempre, transitorio. Darle oportunidad de participación a los opositores destinados a perder era bueno. Sería estulto no reconocerlo.

Pero si la creación de lo que se conoce hoy como “plurinominal” lo originó la hegemonía del PRI, mantenerla no procede, es incongruente, chafa, absurdo, antidemocrático. Tener diputados y senadores por los cuales nadie vota es una afrenta. Para decirlo con palabra presidencial, “ya chole”.

Me ganó la rebeldía. Retomo el asunto.

Lo que hoy escama a todos, aunque no del mismo modo, es el proceso mediante el cual los miembros de la Cámara baja determinaron si le retiran “el fuero” al gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca. Si el asunto fuera deportivo, las apuestas estarían quinientos a uno. Los políticos son ludópatas. Están enfermos del mal de Virján. Le apuestan a todo. Al futuro promisorio. Le apuestan a la educación, a la educación, a la educación, y sígale, para presidentes municipales, gobernadores, jefe de instituciones nacionales, su equipo favorito es la educación.

Si usted apuesta, los momios están así: 500 a uno al desafuero.

No arriesgue. Pasó con Cárdenas, con Alemán, con Echeverría. Ahora está pasando con López Obrador. La Cámara de Diputados es dócil siempre.

Da la impresión el panorama legislativo mexicano de que con el martirio y sacrificio de Belisario Domínguez se le puso fin a la dignidad en la Cámara. No exagero un ápice al tildar de docilidad al Congreso. Para mí está más claro que soleado mediodía de junio.

La mayoría, afín al Presidente, procederá al desafuero en el Palacio Legislativo Federal.

La mayoría, afín al Gobernador, rechazará el desafuero en el Congreso local del “estado libre y soberano de Tamaulipas”.

Lo inobjetable. El fuero constitucional jamás fue pensado para colocar por encima de la ley a delincuente alguno.