Ingobernabilidad en Tamaulipas

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Enrique Diez Piñeyro Vargas

Penosamente Tamaulipas es noticia y acapara los encabezados en todos los medios de comunicación a nivel nacional, llevándose toda la atención la situación por la que atraviesa el gobernador del Estado, Francisco García Cabeza de Vaca, derivada de las acusaciones en su contra por los posibles delitos de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita, defraudación fiscal equiparada, y por consecuencia, el proceso de desafuero que la Cámara de Diputados sigue para tal efecto.

No es ninguna novedad que García Cabeza de Vaca esté envuelto en situaciones de esta índole. Nos podemos remontar desde sus épocas como presidente municipal de Reynosa, cuando abiertamente era señalado una y otra vez por sus turbios negocios y sus malas compañías, aunado al permanente pleito político con el entonces gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores.

La estrategia de confrontar y el papel de víctima que asume Cabeza de Vaca ante las embestidas es de todos conocidas y veremos si esta vez le resulta, con la enorme diferencia que ahora su pleito es ni más ni menos con el Presidente de la República. Le está tocando vivir en carne propia todo lo que él ha emprendido en contra de sus detractores políticos, a quienes persigue, e incluso ha llevado a prisión.

Derivado de este tema, el Gobernador y sus incondicionales tuvieron la increíble ocurrencia de organizar una concentración de aproximadamente ocho mil personas (15 mil marca las cifras oficialistas), con la que trataron de mostrar que el pueblo tamaulipeco está de su lado y que goza del cariño y la simpatía de la burocracia estatal. Claramente no les importó el riesgo que esto implicó, al exponer la salud de tantas personas cuando seguimos atravesando por una pandemia.

Son miles de personas las que han asegurado que fueron obligados a asistir a esta concentración, siendo amenazados con perder parte de su salario, e incluso con ser despedidos de su trabajo. Este show le costó millones de pesos a las arcas del Gobierno de Estado, considerando renta de autobuses, gasolina, traslados y alimentación de todas las personas que fueron movilizadas de distintos municipios, lógicamente obligados por los presidentes municipales del mismo partido político del Gobernador.

Como tamaulipeco repruebo enérgicamente lo acontecido. Es inexplicable como una persona puede ser capaz de exponer la salud de miles de seres humanos sin importar el motivo. Sigo sin entender qué intentó ganar con tanta faramalla, si únicamente obtuvo la desaprobación total de la ciudadanía, que sigue esperando a qué hora piensa ponerse a trabajar y a atender su responsabilidad como autoridad.

De igual forma, lamento tanto el grado de desfachatez y de servilismo por parte de líderes sindicales, alcaldes, diputados y servidores públicos de primer nivel del Gobierno estatal, que se prestaron a esta lamentable ocurrencia. Con esto siguen demostrando su poca calidad como personas, su nula empatía con la gente y su insaciable hambre por seguir pegados al poder.

Tamaulipas atraviesa por una situación de ingobernabilidad muy seria. Esto es así de simple; el actual Gobernador no está enfocado en sus responsabilidades por atender sus temas personales, y el Estado requiere un gobernante de tiempo completo con autoridad, que ponga orden a las finanzas públicas, que tenga capacidad de gestión, que forje las condiciones para atraer inversiones a nuestro estado, que genere empleos, brinde desarrollo en las comunidades marginadas, y que garantice paz y tranquilidad.

García Cabeza de Vaca sigue sin entender que la ciudadanía espera mucho más de sus gobernantes. Si en algún momento él representaba un cambio positivo para los miles de tamaulipecos que lo respaldaron para que asumiera la gubernatura, hoy eso es historia. Ha encabezado una administración sin logros transcendentales, con unas finanzas públicas quebradas, etiquetada por señalamientos de corrupción, y marcada por la ineficacia de tanto indeseable que asumieron cargos sin tener la remota idea de lo que representa ser un servidor público.

Sin duda, la administración de los “vientos de cambio” será recordada como la peor en la historia de Tamaulipas. Estoy convencido que la gente asistirá a las urnas a refrendar su descontento. Nada alentadores son los pronósticos para el partido gobernante, ya que quienes accedieron al poder con sus siglas se dedicaron a hacer todo menos lo que les correspondía, y gozan con el beneplácito y la complicidad de quien debería llamarlos a rendir cuentas. Que no les quede duda, estos bandidos: ¡De que se van, Se van!

 

“Un líder lidera dando el ejemplo, no por la fuerza”.-Sun Tzu