Mujeres divinas

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Mauricio Zapata.-

Estas líneas las escribí hace dos años, y las repliqué el año pasado. Hoy me atrevo a repetirla porque, además de que lo vale, hay preceptos que no dejan de estar vigentes.

Hoy, pues, se conmemora el Día Internacional de la Mujer y como cada año se realizan en muchos países una serie de actividades de todo tipo para “celebrar” a las damas, quienes por su parte (muchas de ellas) se sienten satisfechas por el hecho.

Ahora por el tema de la pandemia, será diferente.

Pero aún así, no entiendo la hipocresía, tanto de las autoridades, como de algunas mujeres. Y no me refiero a lo local en particular. No, me refiero a todo el país y por qué no decirlo, a muchas naciones que también conmemoran éste día.

Ustedes dirán: “ay, éste ya va a empezar…”, pero verán que me darán la razón en algunos conceptos.

Las autoridades (varones): Se avientan un discurso sobre la igualdad y perspectivas de género, pero en su gabinete un porcentaje pequeño de mujeres ocupa un cargo de primer nivel.

Las mujeres: Exigen igualdad, exigen derechos, incluso algunas hasta sienten que deben tener mucho más cosas que los hombres, sin embargo, se quitan el apellido de su mamá y se ponen el del marido.

Las autoridades (varones): Nos conmueven con una arenga sobre el valor de las damas y la política de su gobierno, pero cuando se refieren a sus esposas lo hacen como “mi señora” o “mi mujer” y ya en confianza, como “mi vieja”.

Las mujeres: Se molestan por la falta de espacios en los puestos laborales, pero cuando se los dan, piden tiempo porque tienen que ir a hacerle de comer al marido. O bien, critican a la que se lo dieron porque dicen que tiene algo que ver con el funcionario que le dio el cargo.

Algunas mujeres creen que la igualdad de género es ser anti-hombres y hablar mal de ellos, además critican (con justificada razón) el machismo, pero defienden el feminismo que es lo mismo pero desde su punto de vista.

Las autoridades: Solo el día de la mujer y nada más el día de la mujer “pintan” de rosa las instalaciones gubernamentales y se ponen un moño alusivo, el resto del año no mencionan una sola palabra al respecto.

Las mujeres: Van por la vida peleando sus derechos y la igualdad, pero muchas no solo se quitan el apellido de la mamá, sino hasta el del papá y adoptan como suyo el del marido y son “Fulana DE…”, es decir, pertenecientes a él.

En fin, podría enumerar muchos más ejemplos, sin embargo no es el caso. Creo en la igualdad como lo he repetido en muchas ocasiones en éste espacio editorial. Que tanto hombres y mujeres tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Que ambos géneros tengamos las mismas oportunidades y que el más capaz sea el que desempeñe el cargo sea hombre y mujer.

Pero para que haya igualdad no se debe ser ni machista ni feminista. Para que haya igualdad debe haber las mismas políticas públicas para uno y para otro.

Hay ocasiones que creo que la igualdad, la equidad, la perspectiva y todas esas palabras que se usan en estos días solo son un cliché oficial.

Hace falta mucho… muchísimo para que en verdad haya una verdadera igualdad.

Y sí creo en la igualdad por eso no estoy de acuerdo en que a las damas solo las apapachen y valoren el ocho de marzo de cada año. A la mujer hay que hacerlo todos los días y la igualdad empieza desde casa.

Pero mientras esa igualdad solo sean palabras de discurso político, seguiremos en las mismas por los siglos de los siglos.

EN CINCO PALABRAS.- Los gobiernos siguen sin cumplirles

PUNTO FINAL.- “Un día por los 365 que no las toman en cuenta”: Cirilo.

Twitter: @Mauri_Zapata