Progresar actualmente se dificulta mucho en México

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Héctor F. Saldivar Garza

Reflexionando sobre las posibilidades actuales que tiene la sociedad de progresar en su modo de vivir, varias cuestiones asoman a mi mente, lo cual transmitiré a ustedes con el ánimo de que lo estructurado aquí sea empleado en próximas decisiones, bien sean propias o de otras personas con quienes hayan compartido la idea central.

Efectuando un análisis amplio de la sociedad mexicana, resulta evidente que en múltiples ocasiones se reproduce en los mismos niveles, y este fenómeno no es consecuencia de las condiciones actuales que acontecen en el entorno, sino que se ha venido manifestando a través de la historia por razones muy diversas, como el sistema económico-político-social en el que vivimos y los grupos de poder económico y político que suelen crearse en su entorno. Por cuestión de espacio ahora omitiremos su explicación y análisis, pero las reconocemos como reales y determinantes, de tal forma que presentaremos algunos ejemplos, esperando que resulten significativos.

La sociedad se ha desarrollado en periodos, y en esta ocasión aludiremos exclusivamente a lo ocurrido de fines del siglo XIX hasta lo que transcurre del XXI, pretendiendo comprobar algunas cuestiones trascendentes.

Ya por concluir el siglo antepasado, grandes nubarrones oscurecían el territorio nacional; esto sucedía como consecuencia de serias inconformidades existentes en la sociedad mexicana por la prolongación en el poder del presidente General Porfirio Díaz.

El citado ciudadano fue una persona que en un tiempo gozó de amplia y sincera estima y reconocimiento por parte de la sociedad mexicana y los gobiernos norteamericanos, los cuales, dicho sea de paso, fueron siempre temidos y respetados en sus decisiones por los demás países del continente; y aun así, finalmente todo lo señalado no fue suficiente para mantener la buena estela de aquel por más tiempo, y empezaron a organizarse contingentes diversos de ciudadanos para promover su salida mediante la denominada, al transcurso del tiempo, Revolución Mexicana.

Recordemos que a mediados del siglo nuestro país, que breves años atrás había emergido de una conquista por parte de España, que lo mantuvo prácticamente nulificado durante tres siglos, fue nuevamente invadido, pero en esta última ocasión por Francia, en dos ocasiones, lo que desencadenó movimientos imprevistos y desestabilizadores de la incipiente estructura social que se formaba.

Este movimiento permite que ascienda y se mantenga en la Presidencia de la República Benito Juárez, quien era de ascendencia zapoteca, pero para su fortuna poseedor de un profundo ánimo natural por sobresalir e inteligencia destacada, y también algo que fue determinante en lograr esa posición, correspondió al respaldo del sacerdote Franciscano Antonio Salanueva y Antonio Masa, líder de una familia acaudalada y prestigiosa, a la cual se integró casando con Margarita Masa, hija adoptiva del citado dirigente.

En la segunda parte del siglo XIX, México vivió una etapa de fuertes desajustes políticos bajo la intervención de varias naciones, que querían continuar la explotación criminal que aplicaron los peninsulares; pero un tanto por el ejército y pueblo mexicano e igualmente por la instancia de los Estados Unidos de Norteamérica, quienes actuaron estratégicamente viendo a futuro, porque ya pretendían este territorio para sí, fue posible derrotar al ejército francés, haciendo esto crecer la imagen de Díaz, quien estuvo defendiendo la nación al frente de un gran sector del ejército. Esta actuación posteriormente contribuyó para que alcanzara la primera magistratura del país en 1876.

En este cargo, el referido realizó un trabajo eficiente en cuanto a restablecer el orden; administró el país logrando buenos resultados y, asimismo, promovió avance significativo en la economía. Pero por otra parte, afectó sobremanera a los indígenas suprimiendo la propiedad comunitaria, y en su periodo gubernamental los crímenes de opositores se intensificaron.

Lo señalado dañó a la postre su imagen poderosamente, creciendo hasta incidir en que dimitiera, exiliándose en Francia, país al que apreció de manera considerable.

A su retirada, la sociedad mexicana se convulsionó, buscando varios líderes tomar el timón de la nación, pero como regularmente sucede en los casos de permanecer un dirigente al frente de una entidad durante un periodo largo de tiempo, a su caída, la sociedad batalló mucho para normalizar su vida.

Revisando el punto de la reproducción social, vemos que durante los cambios bruscos que se manifestaron en este siglo, las estructuras sociales no variaron, ya que en la independencia lideraron los españoles y sus familias nacidas en América; asimismo, las personas de origen español, avecindados en nuestro país y casados con personas originarias de la región, denominados criollos; pero quienes procedían de los sectores medio bajo e indígenas solo en casos aislados lograron alguna posición digna.

De los principales dirigentes del periodo de Independencia rescatamos a Hidalgo, Morelos y Vicente Guerrero, entre otros, siendo los dos primeros de la clase sacerdotal ubicada como media alta y Guerrero, de quien los historiadores no precisan del todo su origen, pero coinciden en que era de tez morena y familia rural medianamente acomodada, que le permitió recibir instrucción particular, más solo en cuestiones básicas. El sector mayoritario proveniente del área rural, no logró desarrollar por lo que se reprodujeron en niveles similares.

El siglo XX desde sus inicios se mostró complicado en México para avanzar adecuadamente, en virtud de que la opulencia de unos pocos contrastaba con la pobreza generalizada de la población, la cual, con el cúmulo de dificultades del entorno, solo prácticamente sobrevivía.

En el ámbito político y social el país resultó muy afectado con la muerte de múltiples líderes, principalmente los provenientes de sectores medios y bajos, como Emiliano Zapata y Francisco Villa, los cuales incidieron con fuerza en el ánimo popular; y no dudamos que la gente más necesitada hubiese sido prioridad en sus políticas.

Con firmeza, pero paulatinamente, los grupos que liderarían la supuesta Revolución Mexicana se fueron acomodando y como la mayoría de ellos no eran de extracción modesta, sus iniciativas carecieron de la esencia correspondiente, para lograr una transformación como se pretendió al inicio del proceso revolucionario.

Prueba de ello puede detectarse en el contenido de las sesiones del Diario Oficial de la Federación de aquellos días aciagos, cuando los diputados debatieron por ejemplo sobre el artículo tercero constitucional; sabedores todos de su trascendencia para generar nuevas generaciones de personas con principios, valores y conocimientos suficientes para alcanzar una sociedad desarrollada.

Finalmente, se aparentó estar en transformación durante aproximadamente 60 años, lo cual no se logró; hasta que de plano, ya en los noventa se omitió en los discursos oficiales el término Revolución.

El paso inmediato fue la entrada del neoliberalismo, que agudizó la reproducción social hasta generar que los propios Estados Unidos pretendan ahora una plena modificación a su estructura buscando, como lo está intentando México, nivelar un tanto la inequidad existente.