El Barretal: Me secuestró mi abuelita

0
173
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Melitón Guevara Castillo.-

El viernes pasado, dos de abril, Herminio López Espiricueta realizó un evento más para consolidar su movimiento para la restauración de la antigua Escuela Agropecuaria de El Barretal. Ahí, un grupo de documentalistas grabaron entrevistas de exalumnos, autoridades y de miembros del grupo interesados en que el proyecto se convierta en realidad.

Asistí porque Herminio me invitó y porque busco poner mi granito de arena en dicho proyecto. Así que me sorprendió la pregunta de Fernando García Téllez: ¿Fue alumno de la escuela? ¿Por qué se interesa en el proyecto? Y mi respuesta, sin mucho meditarla fue: “No, yo no estudie aquí. Soy padillense, nací en Campoamor, a 15 kilómetros de aquí, pero mi abuelita María me secuestró de niño y me llevo a estudiar a Victoria.

Y expliqué que gracias a personas que creyeron en mí, fueron mecenas de mis estudios, logré estudiar un doctorado, ser maestro universitario y que ahora soy jubilado. Nunca había pensado en esa expresión: “me secuestró mi abuelita”. En realidad se conjugó también la actitud de la maestra de la escuela, que viernes tras viernes me invitaba a ir a Victoria, a visitar a mi abuelita y me regresaba, con ella, el lunes muy temprano.

 

ANÉCDOTAS Y EXPERIENCIAS

No conté a las personas que fueron entrevistadas, pero fueron entrevistadas aproximadamente 40 y otras 20 más que fueron de acompañantes. Había exalumnos, que hoy son padres de familia, que viven en otro lugar, pero afirman tener su casa en El Barretal o en otros lugares, como Monterrey, Saltillo, Zacatecas, Victoria y Matamoros, entre otras ciudades. Contaron sus recuerdos, anécdotas y hasta las peripecias u obstáculos para estudiar. Como aquel que, viviendo en Santa Engracia, recorría todos los días 20 kilómetros en bicicleta.

Cosas de la vida. Uno explicó que su sueño era estudiar en Tamatán, pero no logró entrar, así que estudió ahí en el Barretal. Quería ser maestro rural y hoy está convertido en un neurocirujano. Otra describió los reinados, de cómo en el primer año participó y quedó como princesa; pero en tercero, logró su propósito. Otra, dio cuenta como fue una excelente deportista y llevo su trofeo. Y uno, cosa rara, dijo que al maestro que más recuerda es al de matemáticas.

Fue, en fin, toda una experiencia. Hagan de cuenta que viaje en el tiempo, hacia el pasado, hacia los años 70. Muy agradecido con Herminio López Espiricuetas, de profesión arquitecto e impulsor del proyecto; mi reconocimiento a dos jóvenes arquitectos: Daniela Ledezma y Víctor Ortega, así como al profesor Antonio Fuentes, que entusiasmados siguen y están al pie del cañón en el equipo de trabajo.

Lo expliqué: amo a Padilla, porque soy originario de Campoamor, y en la medida que pueda aportaré mi granito de arena a construir espacios de cultura y recreación. Igual lo hace Fernando García Téllez, el creador de la idea de darle vida al documental que sirva de soporte para consolidar el proyecto y socializarlo a otros espacios ciudadanos e incluso gubernamentales. Y con Fernando están otros experimentados documentalistas como Antonio Rotunno y Ramiro García Delgado.

 

EXCEPTIVOS Y PESIMISTAS

Cuando Herminio dio a conocer el proyecto de la restauración del edificio de la escuela, como por arte de magia, aparecieron escépticos y pesimistas. En parte tienen razón, en las entrevistas más de un protagonista, hizo notar que no es la primera vez que se intenta tal acción. Que es un proyecto caro, que solo se puede hacer con la participación del gobierno, que a este no le interesa, entre otras cosas dijeron.

A ellos, a los escépticos y pesimistas, hay que decirles: quien no hace nada, de entrada, ya está derrotado. Quien cree en un proyecto, en una idea, con su convicción y acción puede convencer a otros. Herminio ya convenció, de la bondad del proyecto, a colegas de la arquitectura; emocionó a exalumnos y habitantes de los alrededores… y todos, juntos, participando, pueden lograr la participación, no moral, sí efectiva y material de organizaciones civiles, fundaciones y el propio gobierno.

El trabajo, la conjunción de esfuerzo y voluntades, pueden convertir en realidad el proyecto. Sin prisas, pero sin pausas, un día veremos el resultado de una idea, de una convicción, convertida en realidad. Avanzamos, avanzamos, avanzamos.