Lecciones de alta política para candidatos

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Libertad García Cabriales.-

Quien decida dedicar su vida a la política sabe que ganar dinero no es prioridad

Ángela Merkel

 

Hace unos días, otra vez dio la nota en todo el mundo por su asombrosa conducta política. Tras haber anunciado endurecer las medidas de confinamiento para la Semana Santa; escuchó, reconsideró y aceptó su responsabilidad: “Este error es solo mío”, reconoció y pidió perdón a los ciudadanos: “Un error debe llamarse error y, sobre todo, debe corregirse y, si es posible a tiempo. Sé que esta propuesta ha causado una incertidumbre adicional, lo lamento profundamente, y por ello pido el perdón de todos los ciudadanos”.

Ante las críticas de los sectores productivos y a pesar de ser medidas para proteger la salud de su gente, cambió la estrategia para no afectar a las mayorías. Es Ángela Merkel y se podrá estar de acuerdo o no con ella; pero nadie puede escatimarle los muchos logros durante su largo gobierno en Alemania.  Un mandato que casi 16 años después y tras el anuncio de su retiro, dejará un legado perdurable en toda la Unión Europea. La primera mujer elegida para ser jefa de gobierno en Alemania en el año 2005 y convertida en referente del quehacer político en todo el mundo. Porque aun cuando es doctora en química cuántica y fue formada en la física, son sin duda sus magistrales lecciones en el territorio de la política un aporte fundamental para el mundo.

El reciente reconocimiento de “su error” (que no era sólo suyo porque lo había decidido en conjunto con los ministros), por el endurecimiento de las medidas de confinamiento; la retrata de cuerpo entero. ¿Hace cuánto escuchamos por acá a un político reconocer un error? En escenarios donde tantos políticos pretenden verse infalibles súper poderosos y no humanos servidores de la sociedad, la trayectoria de la señora Merkel conlleva una cátedra extraordinaria.  En ese contexto, destacan diversos temas de la agenda en los que ha ido incluso en contra de su estilo, como en la profunda crisis migratoria europea, donde arriesgó su capital adoptando una política de puertas abiertas al aceptar a más de un millón de refugiados, recibiendo fuertes críticas de algunos sectores, pero también reconocimiento por sus políticas humanitarias.

16 años en el poder son bastantes. Muchas crisis ha tenido que solventar la enigmática canciller en el mando del poderoso país, aciagas tormentas donde muchos gobernantes europeos naufragaron. Un ejemplo fue la crisis financiera que hace unos años sacudió a la vieja Europa, poniendo a prueba al euro y cuando Merkel se afirmó mundialmente por su férreo liderazgo en el Consejo Europeo. Ha sido un ancla para Europa, dijo Mario Monti. En ese contexto, se le reconoce una sorprendente habilidad para pactar coaliciones y sortear dificultades: “un estilo único para abordar temas delicados sin dañar necesariamente su figura pública”, señala Andrea Rommele, politóloga y catedrática en Berlín. Y sus capacidades rinden frutos: la economía alemana ha crecido en los últimos años y los alemanes reconocen “estar viviendo de manera más próspera en los últimos quince años que en cualquier otro momento”.

Alta política en un gobierno de resultados dejará como legado una mujer considerada como “la líder europea más importante del siglo XXI”. Pero ningún membrete la marea, ni la distrae de su quehacer público. Hija de un pastor protestante, aprendió a escuchar con paciencia desde muy niña: “ha ejercido el liderazgo sin dejarse deslumbrar por el poder y son muchos los líderes que han tratado de desentrañar su pensamiento conjugando una capacidad de análisis y de escucha fuera de lo común con un aguante físico y sicológico capaz de tumbar al político más veterano”. Anoten eso candidatos. Y con sus valores sólidos, afronta bien ahora la crisis del Coronavirus, sabedora que su gente cree y confía en ella, más en los momentos difíciles.

Hoy se dice que 75 por ciento de los alemanes apoyan a Merkel. Así lo confirma Margarita Morales, artista tamaulipeca en Berlín hace casi 30 años, quien me platicó del alto aprecio para la canciller. Y luego está la austeridad proverbial de la poderosa líder. Otra lección. En su vestir por ejemplo, donde “la sobriedad merkeliana” es ya un estilo: la estética de la austeridad. Después del nazismo, la gente desconfiaba del espectáculo político y las banales pomposidades. Merkel lo sabe y envía un mensaje de coherencia con sus sacos sobrios. Moralmente irreprochable y extremadamente celosa de su intimidad, se sabe que vive en un departamento, cocina sus alimentos, se turna con su marido la limpieza de casa y la compra en el súper mercado. Y por nada permite que el gobierno pague ninguno de sus gastos.

Lo dicho. Más allá de ideologías y partidos, su práctica política es una lección cotidiana. Nadie duda de su preparación y vocación, ni de su honestidad y congruencia, perfil que ha contribuido a sus extraordinarios logros como servidora pública que van desde el bienestar ciudadano hasta ubicar a su país como gran potencia económica mundial, devolver la confianza en la democracia y construir una sociedad integrada e inclusiva.

Así es Ángela Merkel. Este año se despide de la vida pública, pero deja un legado para la historia. Y buenas lecciones de alta política. Anoten, candidatos.