¿A quién le apostamos?

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Melitón Guevara Castillo

Para los ciudadanos comunes, como usted y yo, las campañas van lentas, muy lentas; para los partidos políticos, sus líderes y candidatos, van rápidas: bien que saben que el tiempo, los días, no serán suficientes para recorrer todo un distrito electoral, y más el federal, que es, en algunos casos, muy amplio. En cambio, nosotros, los ciudadanos, vemos a unos y otros candidatos, unos muy conocidos, otros completamente desconocidos, que nos preguntamos: ¿a cuál le apostamos?

Difícil apostarle, por ejemplo, a un partido político: su declaración de principios es solo una declaración. Por la forma en que actúan, cómo se comportan, y lo que aprueban en la Cámara, se nota que los legisladores de uno y otro partido lo que menos tienen es ideología o principios éticos, valores pues. Hay, eso sí, en cada  partido y legislador, convergencia de intereses que difícilmente van con los del pueblo. Hay la certidumbre de que los legisladores siempre actúan en función a intereses personales o de camarilla.

EL VOTO DURO

Durante muchos años se dijo, se tuvo la certeza, de la existencia de un voto duro: era un voto priista, tanto en la ciudad como en el campo: siempre votaban por el PRI, pero es una generación ya adulta y se perdió al entrelazarse con las nuevas generaciones. Voto duro que, en cierta medida, se fue desplazando a principios del milenio hacia el PAN. Y ahora, todo hace indicar, está con Morena. El voto también es volátil: se mueve según se va orientando la opinión pública.

Con la última elección presidencial hagan de cuenta que el voto duro se fue con Morena. Para unos, fue por el hartazgo sobre los gobiernos del PRI como del PAN, que le dieron vuelo a la corrupción y a la impunidad. Si hacemos caso a las encuestas, con todo y que Andrés Manuel López Obrador no está en las boletas, la intención del voto mayoritario está en el campo de Morena. Cambia, es cierto, en algunos lugares en razón a la persona que es candidato. Lo que indica, en todo caso, que la ciudadanía aún se va por la persona, no por el partido o las ideas: MORENA es AMLO.

 

¿POR QUÉ SE VOTA?

Se entiende que, al menos en México, no se vota por las ideas. Es cierto, hay ciudadanos que lo han dicho: que nunca van a votar, sea por el PRI, por el PAN o por Morena, por dar unos cuantos ejemplos. Ello significa que este grupo social sí parte de un principio o valor ideológico. Pero no es el mayoritario. Y entonces, tenemos que aplicar la potencial respuesta a nuestra pregunta: ¿por quién se vota?.

Las investigaciones electorales indican que unos votan en contra, como un castigo; que otros votan por las personas; pero hay también de los que votan por el candidato, porque lo conocen; unos más van en el sentido de que actúan como un cliente, votan en función a lo que reciben tanto del partido, del candidato o del gobierno. Y, parece mentira, pero aún se sigue manejando que, aunque parezca increíble, hay quienes venden su voto, precisamente porque hay quien lo compra.

 

CANDIDATOS CONOCIDOS

¿Votamos por un candidato conocido o desconocido? En lo personal, estoy convencido, si el voto no es duro, identificado con el partido, se vota por la persona. Y para votar por ella, lo mínimo es porque se le conoce, tiene, como bien se dice, un capital político. Les pongo un ejemplo, digamos a toro pasado: en el caso del Distrito Federal V Morena tenía entre sus opciones a Nora Hilda de los Reyes y a Felipe Garza Narváez. Sin duda que el Felipe hubiera sido, entre ambos, el mejor candidato. Quedo Gerardo Illoldi, del Verde coalicionado con el MORENA y el PT. Es un completo desconocido, creo que El Borrado haría mejor papel.

Efectivamente, no echo mentiras si digo que han ganado candidatos no conocidos, sin un capital político; pero eso ha sucedido por razones de una inducción del voto: sucedió en el 2000, cuando Vicente Fox logró la alternancia que sacó al PRI de Los Pinos; y sucedió, vaya pues, en la última elección presidencial: candidatos completamente desconocidos ganaron por el efecto de AMLO. Pero, está comprobado, eso no es suficiente cuando enfrente se tiene a un candidato conocido, fuerte, poderoso… por eso Morena fue en Tamaulipas una tremenda decepción en las últimas elecciones.