Comenzó el barullo

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Rogelio Rodríguez Mendoza.-

Desde los primeros minutos de este lunes inició el barullo político en todo el estado. Decenas de aspirantes a uno de los cargos de elección popular que estarán en juego el próximo seis de junio, salieron a las calles a disputarse el voto ciudadano.

Así andarán hasta el dos de junio, cuando concluya el periodo de campaña. La pelea es por uno de los 36 asientos que estarán disponibles para la próxima legislatura del Congreso del Estado, o por formar parte de uno de los 43 ayuntamientos.

Es el mismo circo de cada tres o seis años. De aquí al día de la jornada electoral veremos muchachos uniformados en los principales cruceros de las ciudades, acompañando al candidato o candidata, repartiendo saludos y sonrisas falsas.

Preparémonos para que nos toquen varias veces la puerta de la casa, y al abrir nos encontremos con la sonrisa y el saludo fingido de los candidatos.

El bombardeo con spots en radio y televisión nos fastidiará durante los siguientes 45 días, con slogan sin sentido y las mismas promesas de cada proceso electoral.

En razón de eso, necesitaremos paciencia y tolerancia de sobra para soportar tanto acoso y exceso de mentiras y promesas irrealizables.

La realidad es que la mayoría de los que andan en la cosecha del respaldo social no tienen nada qué hacer. Muchos ni siquiera saben cuáles son las tareas de un diputado o un alcalde. La mayoría de los discursos son vagos, huecos, sin sustento.

“Vamos por el voto de los victorenses que quieren un cambio, los que desean solución a los problemas relacionados con el abasto de agua potable, mejor recolección de la basura, alumbrado público y empleo”, declaró una de las candidatas a la alcaldía de Victoria.

No dice cómo piensa resolver los problemas de los victorenses. Y no lo dice porque no lo sabe. Así de sencillo.

También hay aspirantes a una diputación que ignoran por completo las funciones de un legislador. Se evidencian cuando ofrecen acabar con la inseguridad o mejorar los servicios públicos, como si ellos manejaran recursos presupuestales.

Ese es el gran problema de cada elección: que sobran los aspirantes, pero escasean los que realmente están preparados para asumir los cargos.

Si le hiciéramos un examen de conocimientos a cada uno de los contendientes, le aseguro que pocos aprobarían.

Por eso es común ver en cada legislatura a diputados que proponen solamente ocurrencias, o que ni siquiera saben leer, o a alcaldes que llegan al cargo pensando que pueden hacer y deshacer a su antojo.

¿Qué podemos hacer nosotros? Primero, como le decía, armarnos de suficiente paciencia y tolerancia para soportar tanto barullo fastidioso, y segundo, darnos el tiempo suficiente para elegir a los menos peores.

Porque hay algo que si cierto: lo peor que podemos hacer es no votar. Si dejamos de acudir a las urnas permitiremos que muchos de esos incapaces se conviertan en nuestros diputados o alcaldes.

Aprendamos de una vez por todas a emitir un voto razonado. Dese su tiempo para investigar un poco de quienes pelean las diputaciones de sus distritos o las alcaldías, y entonces sí decida por el menos malo.

De acuerdo a los antecedentes en la entidad, en cada elección apenas vota un promedio de entre el 35 y el 51 por ciento de quienes integran la lista nominal de electores.

Por lo tanto, el reto debe ser que salgamos a votar la mayoría. Entre más salgamos a votar, mejores diputados y alcaldes tendremos.

 

EL RESTO

INSENSATOS

En la gran mayoría de los candidatos hay mucha insensatez.

Se muestran irresponsables por completo en el cumplimiento del protocolo sanitario a que obliga la pandemia del covid, y exponen la salud de las personas. Es un tema que aquí hemos abordado y denunciado, pero tanto las autoridades electorales como las de salud, permanecen sordas y mudas. Mal asunto, en verdad.

Así andan las cosas.

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